El Otro Juicio de Lozoya

El Otro Juicio de Lozoya

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Desde hace meses, la novela de Emilio Lozoya Austin ha servido para regar odres de saliva, hectolitros de tinta, y gigas, teras de bytes.

Su captura en España aplacó un poco las aguas, porque un proceso de extradición no da nota hasta que se rechaza o se acepta. La notota fueron los términos en los que se dio finalmente la extradición, aceptada por el propio Lozoya y bajo el carácter de testigo colaborador, o algo así de enigmático.

Obviamente esto causó mucha urticaria en la clase política mexicana. Y hasta ahí.

El presidente López no podía decir más que lo que ya había señalado durante varios años. Acusaciones de las que, no se cansó de decir, tiene pruebas.

Pero eso es sólo lo que él dice.

El “debido proceso” contra Lozoya se da en otro ámbito, más avaro en difundir información. La Fiscalía General de la República (órgano autónomo, por cierto) no ha ido mucho más allá que el dar cuenta del itinerario del “presunto”.

Cualquiera con al menos un milímetro cúbico de sesos, sabe que por más sarcástico que se ponga el presidente López en el tema, eso no es un dato oficial porque no es la fuente correcta.

Ya deberían estar escarmentados los periodistas y los “periodistas”: no todo lo que dice el Presidente es nota.

Eso engorda mucho a la prensa con demasiada información baladí, inútil: las moscas tejiendo la telaraña.

No se puede incidir ni acceder en el proceso contra Lozoya, al menos la ley impone límites. Eso jamás ha sido obstáculo para la prensa, y menos cuando hay intereses, si no cómplices, al menos correspondientes entre los implicados (básicamente políticos) y algunos medios.

La mejor manera de “reventar” el proceso es crear uno paralelo, sin sustancia legal, pero con impacto mediático.

Forzarlo con dichos, contradichos y entredichos, hasta desprestigiar completamente al famoso “testigo”, o exonerarlo si es posible. Esto debe subir de tono cada vez, y rápidamente.

El “juicio” mediático con testigos y jurados a modo debe concluir antes que el juicio real.

Con la ventaja añadida de que, si la Fiscalía revela información delicada para conjurar a los tábanos mediático-políticos, también se dañaría el proceso verdadero.

Por esto no me extraña que se hayan “filtrado” presuntas declaraciones de Lozoya en España en donde ya se manejan nombres principalmente de panistas y priistas, se describen minuciosamente actos de corrupción, se alardea de pruebas en video, se mencionan montos de sobornos y destino de estos… Todo lo necesario para alborotar el gallinero.

Y se alborotó. En mismo presidente López entró en ese juego. Y claro, ¡las gallinas cacarearon!

En resumen, la “defensa” de los presuntos implicados es parecida: todos juran inocencia. Tampoco esperábamos un acto público de contrición de semejantes personajes, todos ellos expertos en el arte de Pilatos.

Ni siquiera tenían por qué desmarcarse de una acusación basada en una filtración periodística.

“El primero que lo huele, abajo lo tiene”, dice un refrán sobre los flatulentos. También argumentan que deben probarse las acusaciones.

¡Por supuesto! Pero, ¿quién debe probarlas? ¿Quién los acusa? ¿Lozoya? Porque que yo sepa las “acusaciones” salen de una filtración (muy a modo, por cierto) que no tiene valor legal. Que les aporten esas pruebas los medios, porque ni Lozoya ni la FGR los han acusado formalmente… todavía. Ni siquiera los nombran testigos… aún.

Otra “defensa” recurrente es acusar, aquí sí acusar, al Gobierno Federal de usar el caso con fines electorales y para dañar la imagen de algunos partidos. Lo dicen quienes han estado usando hasta a la familia del Presidente para sabotear al Gobierno Federal.

Lo dicen quienes toleran movimientos infames y promotores de violencia como el grotesco FRENAA, un descarado recolector de votos. Exigen además que no se use el caso con fines electorales y hasta se difiera para después de las elecciones del 2021.

Esto es más que cínico. Pocas veces los electores han tenido tan a la mano argumentos para orientar bien su voto y para confrontar a los candidatos en campaña.

Lo que deberían de exigir es que se acelere el proceso, para que, si es que no hay mácula, los partidos puedan participar en las elecciones ya libres de toda culpa. ¿Esperan que los electores descubran hasta después de las elecciones que votaron por partidos o candidatos corruptos? ¡No mam…!

Se está haciendo una tormenta en un gotero. Nada de lo que se publica a partir de estas filtraciones, declaraciones y especulaciones, tiene algún valor legal. Y ningún dictamen que surja de todo esto debe considerarse concluyente.

El proceso real está, insisto, en otra parte. No sólo el de Lozoya, también algunos en tribunales de los Estados Unidos.

Entre la impoluta multitud de inocencios e inocencias declaradas, todavía hay quienes se asumen víctimas de una venganza política por parte del presidente López.

Yo no podría asegurarlo. No sé si López realmente busca hacer justicia o sólo una venganza personal.

Lo que sí creo es que millones de mexicanos no son tan piadosos y ellos sí buscan venganza. No los culpo.

Razones tienen de sobra, casi tantas como políticos hay. ¿O qué? ¿Esta epidemia no les ha demostrado quiénes son los que realmente mueven a México? Y creo que ellos ya se están dando cuenta.

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