El Priorato de Krauze II

El Priorato de Krauze II

258
0
Compartir

Un buen amigo, honesto reaccionario, pero no opositor rabioso, me ha reclamado (sensatamente) mi posición respecto al grupo de intelectuales que han despejado sus añosas bibliotecas para instalar cuartos de guerra dónde organizar una estrategia para tomar el Congreso de la Unión en el 2021 (“El Priorato de Krauze”).

Su queja, razonable, es que descarto su calidad de intelectuales, su formación, su currículo, para meterlos a todos en la misma horma.

Y sí, admito que generalicé. Luego, para recalcármelo, me pide revisar una conferencia del “abajofirmante” del priorato, el doctor Julio Frenk Mora, dictada durante la pasada reunión del G12-1.

Añade que los méritos del doctor Frenk lo llevaron a ocupar la rectoría de la Universidad de Miami.

¡Nunca me hubiera dicho eso! La generalización puede ser muchas veces injusta, pero es piadosa en las omisiones.

Lo primero que pensé sobre el ex secretario de Salud de Vicente Fox fue aquél escándalo de las tangas de Jorge Serrano Limón, el dinero de la Secretaría de Salud distraído por Provida para comprar tangas y sostenes.

En realidad, esas prendas eran un asunto mínimo, lo relevante (y todavía impune) fue cómo, desde una Comisión de la Cámara de Diputados, fue alterado el Presupuesto de Egresos para que fondos de la SSA destinados al combate al VIH fueran asignados a Provida, con montos muy por encima de los previstos en la Ley de Egresos.

¡Nada más 30 millones de pesos!

El secretario Frenk Mora, en ese momento (2004), impulsaba su proyecto de Seguro Popular y tuvo que acatar las recomendaciones de la Secretaría de la Función Pública, pero desoyó las voces de diputados que advirtieron contra lo que el Covid 19 ha demostrado, la falta de infraestructura en Salud.

“La carga de trabajo en todos los centros y unidades de salud se ha incrementado y a 40 mil trabajadores, principalmente médicos y enfermeras, se les paga por honorarios y no tienen estabilidad laboral ni seguridad social”, le dijo, en su cara, el diputado federal Marco Antonio García Ayala, que además era secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la SSA.

Nadie pudo impedir que el secretario Frenk Mora llevara adelante su Seguro Popular, como piloto en 2003 y legalmente constituido en 2004.

Pero el dos veces candidato fallido a la dirección de la OMS, concilió intereses con las tabacaleras para, sí, regularlas (aunque por acuerdo, no como superior institucional), y aparte, impuso el absurdo de que la venta de tabaco aportara fondos para la SSA destinados, dizque, al Seguro Popular… algo así como “te enfermo y luego te doy para que te atienda un médico”.

Peor aún, por malabarismos en el convenio las tabacaleras, la contribución de estas al Seguro Popular acabó siendo pagado por los mismos consumidores, ¡negocio redondito!

Así el doctor Frenk Mora descartó el principio constitucional del Derecho a la Salud que lleva implícita la función superior preventiva que debe cumplir el Estado.

Eso sin contar que el flujo de esos recursos hacia la Secretaría de Salud se planteó como directo, sin fiscalización ni control por la instancia constitucional obligada: el Poder Legislativo… Y así hubo un montón de irregularidades, además de que tengo entendido que el financiamiento desde las tabacaleras fue temporal.

Es decir, el Seguro Popular nació… fumando y con enfisema pulmonar. Y que conste, yo soy fumador.

Tras recordar esto, ¿me preocupé por ver la conferencia de Frenk Mora para los “neofederalistas” del G12-1? ¡Claro que no! A mi amigo reaccionario sólo le dije una típica excusa mexicana: “Lo platicamos luego, con un cafecito”.

Mi amigo, creo, no leyó bien el texto que publiqué sobre los “intelectuales”. O tal vez no me expliqué bien.

La pandemia implica por sí misma un cambio social. No es la 4T, tampoco la reacción cada vez más abiertamente desplegada del BOA (y no la llamo oposición porque no lo es, sí es una reacción específica hacia una persona: el presidente López).

El cambio pandémico es individual, desde la sociedad. En sus coincidencias con otros pude crear movimientos y exigencias.

Pasó así durante el Renacimiento luego de la Peste Negra. BOA es una fantochada. La 4T y la oposición (una oposición verdadera, responsable, por lo menos decente), deben desplegar a sus propios intelectuales para entender hacia dónde se dirigen esos cambios originados en la sociedad, no para la comodidad la clase política y mucho menos de la clase empresarial.

Esa debería ser la ruta, y los “intelectuales” del Priorato de Krauze no se han detenido a analizar eso en aras de defender una democracia en la que ni siquiera creen al erigirse en líderes de quienes ni los conocen.

No le diré a mi amigo reaccionario, por tacto y afecto, que las credenciales curriculares del doctor Frenk no me apantallan, he conocido a analfabetas con una ética mucho más sólida que la de cualquier medallista olímpico del intelecto.

Para la mayoría de los mexicanos tampoco significan gran cosa esos méritos. Pero nada más por no dejar, le preguntaré a un arquitecto que trabaja como taxista, si me lo vuelvo a topar, a ver qué opina de la meritocracia a la mexicana.

No hay comentarios

Dejar una respuesta