La nube flaca del Señor Presidente

La nube flaca del Señor Presidente

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Hace añales, durante una canícula feroz, pero más piadosa que las que ahora padecemos, veía yo una única nube famélica mientras sostenía un vaso de un refresco de vinagre de frutas (sin hielo), que preparaba mi agüela. Mi agüelo regresaba de la “labor” y desenganchaba la mula de la carreta.

Sabihondo yo, le digo: “Como que quiere llover”. El buen señor, que era bueno de cábula, me contestó: “¿Apoco? ¿Y quién quiere llover? ¿Tú o la nube?”.

Así mero nos está pasando a todos y en todo, pero es más notorio cuando un personaje público quien emite estas paradojas.

Esto lo ejemplifica mejor la insistencia del presidente López acerca de que la epidemia de Covid 19 va a la baja, aunque lentamente. Hace algunos días dijo algo parecido.

Y creo que lo ha repetido un par de veces más. Comprendo que personalmente desee que la epidemia termine pronto.

Comprendo que como estadista quiera hacer ya un inventario definitivo del cuál partir para la reconstrucción social y económica del país. Yo también quería que aquella roñosa nube lloviera, pero la nube ni quiso ni pudo.

Entonces, los dichos esperanzadores del Presidente se estrellan contra la realidad. De paso contradicen el único referente científico más creíble, que es el informe diario sobre Covid 19 (allá ustedes si creen más a los sermones estatales, a las redes sociales, a las “fake news”, o a brillantes deducciones empíricas). Y lo que menos necesita ese informe es que le metan más ruido y confusión.

Esto trae consecuencias, porque la gula política por reflectores y votos no lo deja pasar.

Hay una gran diferencia entre un informe técnico y el desiderátum de individuos o de grupos.

La gimnasia y la magnesia no se disuelven entre sí, ni siquiera emulsionan. La confusión es el único resultado.

Una de las pocas cosas que le reconozco al doctor Manuel de la O es precisamente el tono fúnebre y pesimista con el que dice que las cosas se van a poner peor. Si acierta, él lo advirtió; si se equivoca, nadie le va a reclamar por el error. ¡Apuesta segura!

Pero hay quienes llevan las cosas al extremo, no sólo verbalizan, hasta tratan de legitimar sus deseos.

Por ejemplo, hace una semana, Movimiento Ciudadano se movió denunciando a Hugo López-Gatell ante la Secretaría de la Función Pública: “las decisiones negligentes del doctor Hugo López-Gatell al frente de la estrategia nacional contra el Covid-19 han tenido severas consecuencias en la salud y la vida de las y los mexicanos”, dijeron los demandantes.

Sé de al menos un mandatario “movimientario” cuyas acciones han tenido consecuencias más que severas en los ciudadanos que gobierna.

La senadora del Partido Acción Nacional, Josefina Vázquez Mota, también entró al juego y presentó una queja ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, donde agarra parejo contra el Gobierno Federal, pero, ¡faltaba más!, con énfasis en López-Gatell.

Por otra parte, la flamante senadora panista María Lilly del Carmen Téllez García (antes Morena, antes TV Azteca, antes Telemax, mañana quién sabe), publicó en Twitter que denunciará a López-Gatell por “por inepto, irresponsable, por negligencia criminal. Le (sic) ha mentido a los ciudadanos y al Sr. Presidente”.

Y añade que “Estamos hartos de los políticos que solo piensan en salvar elecciones sin ver que la gente solo quiere salvar la vida y su trabajo” (recontra sic).

En el caso particular de la locutora-periodista y transgénica política, estoy completamente de acuerdo con ella: sí, los mexicanos estamos hartos de que los políticos sólo piensen en “salvar” elecciones y su chamba. Ella misma es el más vivo ejemplo.

Porque precisamente estas denuncias tienen un factor común. Ninguna ha dado una opción para “corregir” el rumbo presuntamente equivocado de la estrategia federal contra la epidemia.

Además, ninguna ha considerado que esa estrategia es una base coordinante, pero no vinculante, porque la medida del éxito o fracaso la determinan las autoridades sanitarias de cada estado (gobernadores), los brazos operativos de la estrategia nacional.

No sé que algún partido haya denunciado a un gobierno estatal por la forma cómo ha aplicado su propia estrategia.

Vaya, ni siquiera han sido acuciosos en indagar cómo se están usando los recursos públicos en cada estado en sus versiones locales, a veces muy peculiares por no decir inexplicables, del combate al Covid 19.

En Nuevo León, por ejemplo, donde además la efervescencia electoral distractora ya empieza a hacer uso de zancadillas mediáticas, un ejemplo de la vieja normalidad que nos espera con la clase de políticos que tenemos… Perdón, debí decir “la calaña”.

En resumidas cuentas, para la percepción de la gente la epidemia no cede, así lo diga el Presidente o lo afirme el doctor López-Gatell.

No cederá mientras se sigan boicoteando (y eso sí es criminal) los lineamientos federales y aceptando sin chistar las ocurrencias estatales.

Y aún cuando los indicadores den esperanzas a los científicos que analizan el comportamiento de la epidemia, nadie lo creerá si antes no entendemos, todos, que nos han hecho más daño los saboteadores políticos que los ciudadanos irresponsables, y que no terminará este azote hasta que nos resignemos a que las cosas (incluyendo la política) ya no deben ser como antes.

Así que, con la pena señor Presidente, la nube todavía está muy flaca, lloverá cuando a ella se le pegue la gana.

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