Las Papas del Costal del Erario

Las Papas del Costal del Erario

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Este jueves, al iniciar su informe diario sobre la epidemia, el doctor Manuel de la O, Secretario de Salud en Nuevo León y presunto líder del grupo que coordina los esfuerzos estatales contra el Covid 19, mostró un tono un poco distinto al que nos tenía acostumbrados.

Al menos yo lo noté más… digamos firme, aunque el regaño y el sermón fueran los mismos.

Es interesante cómo unos pocos cambios en la inflexión y volumen de voz, en la actitud corporal, modifican un mismo mensaje, lo solidifican lo suficiente para que se resienta mejor el peñascazo en la cabeza del respetable.

No sé cuánta gente lo ve en otros medios, yo lo vi en Youtube, donde en algún momento noté poco más de 200 espectadores. Si durante todos estos meses hubiera captado y multiplicado la atención de los nuevoleoneses en sus transmisiones “en vivo”, tal vez mucha más gente se hubiera conmovido.

Aunque no por la renovada puesta en escena sino por el número de muertos, el de contagios reportados, y la ocupación hospitalaria que amenaza con colapsar.

Estas cifras ciegas reproducidas en los medios de comunicación siguen siendo números; y la gente no empatiza con los números, empatiza con la gente. No tenemos parámetros sensibles para transformar a personas a cifras. No son papas en un costal. Para reducir al prójimo a un número es necesario despersonalizarlo.

La diferencia entre el informe técnico nacional y el informe (a secas) estatal, es justamente esa. El primero necesita despersonalizar para someter las estadísticas a un proceso de análisis y llegar a conclusiones operativas… En una guerra, no importa saber cuántos hijos tiene el soldado Pérez, sino cuántos soldados Pérez hay.

El segundo informe, por más que el doctor cambie de técnica actoral, nos expone conclusiones sin explicarnos ni antecedentes, ni procesos de análisis, ni proyecciones. Luego nos insiste en la identidad muchas veces relativa de las víctimas, sea por relaciones familiares, amistosas, laborales, etc.

De ribete, nos aconseja, suplica y amenaza. Para que esta estrategia dogmática funcione es necesario un liderazgo incuestionable. Y no hay liderazgo social en el gobierno del Estado.

Nuestro cerebro es muy remilgoso para las cifras. O nos conmovemos frente a la indudable tragedia que vivimos como sociedad; o la llevamos tranquilos contando muertos, contagios y hospitales, en frío, impersonalmente… como a las papas en el costal.

En ese debate nebuloso de cifras y sermones que, insisto, sólo nos confunde, entramos también en el peligroso terreno de la distracción. Los “otros datos” del Covid 19 en Nuevo León son también importantes. El frenesí infodémico, la abulia cívica, la estridencia mediática, los sermones, nos cambian constantemente nuestros objetivos de atención.

Recién se informó al Congreso el enorme gasto del erario estatal para enfrentar la epidemia. Me quedó perfectamente claro que es mucho, muchísimo dinero. Supongo que dirán que es un gasto necesario.

Nadie puede negar eso, pero… Estamos casi en el “Año de Hidalgo”, y el plumaje esta administración estatal no es impecable ni impermeable al lodo, hay antecedentes de corrupción todavía atorados hasta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Esto hace que sea más importante, ¡urgente!, saber puntualmente cómo se han gastado los recursos contra la epidemia. Será lo que quieran el presidente López, pero muy fue astuto al ceder al Ejército la administración de los recursos federales para el arranque de la estrategia contra Covid 19 en Nuevo León. Es lamentable que sea preferible para los ciudadanos atenerse a “buenos por conocer” que a “malos por conocidos”.

Así y todo, el Secretario de Salud fue a CDMX a pedir mil y pico de millones más que, dice él, no le dieron. Tal vez sean realmente necesarios. Si lo son, es porque se agotaron los recursos que se tenían.

Y si se agotaron, es obligación del Estado informar A TODOS cómo se gastó ese dinero, es decir, en manos de quién está ahora ese dinero.

Eso nada más para empezar, porque además, el Secretario de Salud deberá justificar cada peso gastado, pero comparando el gasto con la evolución de la epidemia y explicando qué y por qué no funcionó. Y eso se hace con argumentos científicos, no con refunfuños, regaños, ni desplantes dramáticos.

La epidemia de Covid 19 en Nuevo León es un río revuelto. Y ya que los ciudadanos olvidaron su empatía social para conformarse con contar muertos, contagiados y camas, deberían usar esa fría habilidad adquirida para contar cada una de las papas del costal del erario.

La epidemia nos pilló con una deficiente estructura en Salud; la epidemia que sigue, la económica, podrá ser hasta peor en la medida en que nosotros dejemos que la empeore una administración pública tan opaca… y tan histriónica.

 

 

 

 

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